Queda una semana para la segunda
vuelta presidencial y tengo que admitir que Santos es la mejor opción, no lo
hago por convicción y por amor a sus propuestas democráticas, sino por miedo a
que Uribe retorne al poder.
El pueblo colombiano parece que olvida con facilidad los 8 largos años de horror, de terror y de guerra que vivimos en el anterior gobierno, de las persecuciones a jueces y magistrados que adelantaran investigación alguna en su contra, de las indebidas acusaciones a periodistas y contradictores, de las difamaciones y calumnias que hacía y hace actualmente a los que en su contra su voluntad divulguen algún comentario, de los escándalos de chuzadas que se hacían y se siguen haciendo, del desconocimiento a las instituciones, de la falsedad y la mentira en que se mueven sus propuestas y candidatos, de los infaltables falsos positivos, del crecimiento de las bandas criminales en su segundo periodo presidencial y como reza una frase popular: ‘’Pueblo que no conoce su historia, está condenado a repetirla’’.
En las noches prendo velones y saco los sahumerios, no quiero imaginarme otro periodo más de guerra, de infamia. Quiero a una Colombia pujante, que todos los colombianos seamos hermanos, y no que vivamos en medio de odios como nos lo quiere vender el ex presidente Uribe. Me siento aterrorizado y no exagero al decirlo, no quiero imaginarme a este país con un presidente tirano al poder, manejando a su antojo todos los aparatos judiciales del estado, todos los contradictores en las cárceles, que no haya un espacio para el discernimiento y oposición, tanto que criticamos a Venezuela y vamos por el mismo camino, un mandato de Zuluaga equivaldría a un tercer periodo de Uribe, es que desde ya me lo imagino en la presidencia del senado cambiando la constitución para una eventual reelección indefinida.
Aunque admito que mi voto por Santos será más por miedo, que por amor a su gobierno, si creo que los colombianos nos merecemos una oportunidad para la paz y la reconciliación, que merecemos vivir en medio de armonía y no en conflicto, porque estoy seguro que a fin de cuentas lo que realmente importa es la tranquilidad y no la impaciencia.
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